Ir al contenido de la página
Alumnas en un pasillo histórico de una escuela con luminarias suspendidas Ringo Star. Imagen editada con ayuda de inteligencia artificial (IA).

Luz para todos

Conforme a la normativa y, aun así, inseguro Por qué la accesibilidad es una cuestión de percepción

La luz es silenciosa. Y, sin embargo, lo determina todo. Crea atmósfera, guía el movimiento y determina lo que vemos y lo que no. Para las personas con discapacidad visual, la luz es esencial. No es solo una cuestión de ambiente. Es orientación. Seguridad. Participación.

Aula con iluminación lineal, mesas y sillas.

Una iluminación uniforme y unos contrastes equilibrados favorecen el aprendizaje concentrado durante la jornada escolar.

Por la mañana, el aula todavía está tranquila. Las mesas están muy juntas, la pizarra está vacía y por las ventanas se ve el cielo gris. Después, el espacio empieza a cobrar vida. Se dejan las mochilas, se mueven las sillas y se abren los cuadernos. Las miradas pasan de la superficie de trabajo a la pizarra y al rostro del profesor.

Para muchos, todo esto forma parte de la normalidad. Para algunos, aquí empieza el esfuerzo. No porque el espacio sea demasiado oscuro, sino porque no ofrece calma visual. Los reflejos sobre las mesas compiten con la pizarra. Las ventanas luminosas atraen la mirada hacia el exterior. Algunas luminarias pasan demasiado a primer plano. Los ojos no encuentran descanso. Ver se vuelve agotador.

En situaciones como estas se hace evidente lo que realmente aporta la luz. Es más que atmósfera. Determina si comprendemos un espacio de inmediato o si primero tenemos que orientarnos. La luz ordena o sobrecarga.

La iluminación accesible no es un añadido.
Determina si los espacios son fáciles de entender.

La percepción es frágil. Cambia con la edad, con cómo nos encontramos cada día y a lo largo de la jornada. Reacciona de forma sensible al deslumbramiento, a los contrastes fuertes y a los cambios bruscos de luminosidad. Lo que para unos resulta claro, para otros puede parecer borroso o confuso.

Y es precisamente aquí donde comienza la accesibilidad. En la práctica, a menudo se reduce a normas, valores y requisitos. Pero la accesibilidad no surge de los números, sino de la percepción. Un espacio es accesible cuando permite orientarse sin resultar abrumador. Muchos espacios están diseñados para un ideal: para una mirada promedio. Para todos los demás, surgen barreras. Estas barreras permanecen invisibles mientras no nos afecten directamente. No se presentan como un escalón o un umbral. Se manifiestan en la vacilación, en miradas inseguras y en una rápida fatiga.

Aquí se hace evidente el verdadero problema. La accesibilidad no es una solución especial, sino un requisito para un buen diseño. Debe formar parte de la planificación. Lo decisivo es tener en cuenta desde el principio las diferentes necesidades y capacidades. Los espacios no se utilizan en condiciones de laboratorio, sino en movimiento, con condiciones de luz cambiantes y, a menudo, con la atención dividida. Es precisamente ahí donde el diseño debe demostrar su eficacia.

La escalera está iluminada conforme a la normativa y, aun así, resulta insegura. Los bordes de los peldaños se difuminan con la luz rasante, las sombras desdibujan la geometría y las luminarias deslumbran al cambiar la dirección de la mirada. Cada paso exige precaución. El espacio resulta difícil de interpretar. En el pasillo de un centro asistencial por la noche aparece un problema similar. Hay luz. Pero falta orientación. Solo las zonas de luz, los contrastes claros y una guía visual tranquila permiten orientarse en estos espacios. La luz se convierte en un requisito para poder moverse con seguridad. No es un caso excepcional. Es la vida cotidiana.

Zona común con mesas, sillas y luminarias acústicas de gran formato.

Las distintas zonas de luz estructuran el espacio y hacen que resulte intuitivamente legible.

Lo decisivo no es solo el nivel de iluminación, sino cómo se distribuye en el espacio.

La legibilidad no surge de una mayor cantidad de luz, sino del orden: los contrastes hacen visibles los bordes y diferencian unos planos de otros. El deslumbramiento no debe ocultar información. Las transiciones entre distintas zonas deben ser fluidas, no abruptas.

Precisamente allí donde la mirada se mueve rápidamente – entre superficies, planos y el espacio en su conjunto – se decide si un espacio se comprende de forma intuitiva o si orientarse se convierte en una tarea activa. No todas las superficies requieren la misma atención. No todas las luminarias deben tener la misma presencia. La luz debe facilitar la información y reducir la competencia visual. Solo entonces surge un espacio que se entiende de forma natural – para todos.

Es ahí donde la planificación debe demostrar su eficacia. Los reglamentos y las normas son necesarios, pero por sí solos no bastan. Un buen diseño de iluminación surge cuando la luz no solo se mide, sino que se utiliza de forma específica – por ejemplo, mediante el equilibrio de las relaciones de luminancia, la limitación del deslumbramiento directo y la jerarquización deliberada de las distintas zonas del espacio. Allí donde se crea calma visual, los contrastes facilitan la orientación y la precisión técnica da lugar a espacios claros.

Luz para todos no significa iluminarlo todo por igual. Los espacios están bien diseñados cuando resultan legibles para diferentes formas de percepción. Cuando la iluminación accesible se entiende como luz para todos, no supone un esfuerzo adicional, sino que crea mejores espacios – para todos.

Retrato de una empleada de Lightnet.
  • Yvonne Goldschmidtböing

    Para mí, la luz es mucho más que una función: es lo que hace que la arquitectura se pueda experimentar y aporta atmósfera a los espacios.

    Diseñadora de iluminación en Lightnet

Principios visuales de la iluminación accesible

  • La distribución de las luminancias dentro del campo visual es determinante para la percepción de los espacios. La orientación se facilita mediante contrastes suficientes, un deslumbramiento limitado y transiciones claramente reconocibles entre zonas con distintos niveles de luminosidad.
  • Para hacer visibles las transiciones y las barreras, se recomienda utilizar un alto índice de reproducción cromática (CRI > 90). La temperatura de color depende del uso. Para edificios públicos se recomienda una temperatura de color blanco neutro (3.500 K–4.000 K).
  • Las luminarias con una elevada proporción de luz indirecta reducen el deslumbramiento y crean una sensación espacial agradable.
  • El control de la iluminación es esencial para adaptar el espacio, el ambiente lumínico y la atmósfera a diferentes usos y necesidades individuales.
  • La norma DIN 18040-1 define los requisitos básicos para la accesibilidad de los edificios de uso público. La VDI 6008 concreta estos requisitos y describe las condiciones visuales para personas con diferentes capacidades.
  • De forma complementaria, la DIN 32975 establece requisitos relativos al contraste y a la percepción visual, especialmente para facilitar el reconocimiento de la información y la orientación en el espacio.

Sobre la diseñadora de iluminación que ha colaborado en este artículo:
Yvonne combina una sólida formación en arquitectura con una especial sensibilidad por el diseño de iluminación. Gracias a sus muchos años de experiencia en la intersección entre arquitectura, diseño e iluminación, desarrolla soluciones que no solo estructuran los espacios desde el punto de vista funcional, sino que también definen su atmósfera. Como diseñadora de iluminación en Lightnet, aporta esta experiencia directamente al desarrollo y la realización de proyectos.

Texto: Nicole Böttcher, Yvonne Goldschmidtböing
Fotografía: Lisa Vanovitch

Hombre junto a una lámpara de pie frente a una catedral y bandera mexicana.

Entre normas de iluminación y Lucha Libre Entrevista con Martin Siebel

Martin Siebel dirige Lightnet México. El tráfico mexicano o las normas alemanas de iluminación: cuando le preguntan qué es más peligroso, tiene una respuesta muy clara.

Instalación de luz Liquid Tiles con dos personas frente a la pared iluminada.

Cuando la luz nos hizo maravillarnos

Una visita al Centro de Arte Lumínico Internacional de Unna dio origen a la idea de Liquid Tiles. De ahí surgió la colaboración con Playmodes y una pared formada por 126 módulos de luz giratorios.